Phelps sigue provocando asombro

Por Edgard Tijerino | Cronista Deportivo

Cuando creemos que ya nada puede sorprendernos, siempre aparecen propuestas de Movistar que lo hacen. Lo mismo ocurre con el excepcional nadador norteamericano Michael Phelps.

Fue capaz de lograr lo que era considerado improbable al imponerse en los 200 metros mariposa con tiempo de 1 minuto 53 segundos y 36 centésimas, obteniendo su medalla de oro número 20 y agregando la 21 en el relevo libre 4 por 200. En total, en cuatro Juegos Olímpicos, Phelps acumula un total de 25 medallas, incluyendo dos de plata y dos de bronces.

Dos medallas de oro en casi una hora. No puede ser posible cuando tienes 31 años, te encuentras en tus cuartos Juegos Olímpicos y enfrentas el reto de la juventud impetuosa. Pero Michael Phelps es capaz de eso derrotando al desgaste. Lo está demostrando.

En los 200 mariposa, Phelps se lanzó al agua sumergiéndose en proyección, y después del primer giro, se convirtió en un torpedo nadando con desesperación tras el húngaro László Cseh, un estorbo en la pretensión gigantesca de obtener una nueva medalla de oro, ahora sin compartir esfuerzos, estrictamente como mérito propio.

Phelps, dobló en los 100 metros con registro de 53.35 segundos, y en los 150 con 1 minuto 22.68 segundos, presionado por cinco insistentes amenazando con fuertes cierres como el de Kendersi la noche anterior en semifinales. Esta vez fue diferente, Phelps no cedió. El fenomenal nadador, logró imponerse con 1:53.36 para asegurar su medalla de oro número 20, algo que ridiculiza el asombro.

Sorprendió su atraso al partir. Con el quinto tiempo de reacción en la salida, ganada por el japonés Seto en la pista 2, Phelps fabricó una temprana preocupación por la envergadura y juventud de sus rivales.

Antes de la prueba cumbre del super astro de Baltimore, Chad LeClos había dicho que Phelps ya no era el mismo –como si eso fuera un hallazgo- y que sus opciones de vencer eran limitadas. Sin embargo, un Phelps próximo a lo inconmensurable, partió el agua despejando el carril 5, superando al húngaro Tamas Kendersi y al sudafricano Chad Le Clos, temibles rivales, que zumbaban en las pistas 4 y 6, intentando destrozarle el sistema nervioso esperando la natural pérdida de energía, y también al japonés Sakai, ganador de la plata.

Ahí estaba Phelps, orgulloso, moviendo sus manos hacia las tribunas, pensando en lo que dijo Le Clos y gritándole en silencio ¡Aquí estoy, en el lugar de siempre! Sus ojos mostraban un brillo especial, ese que caracteriza a los diamantes.

Su grandiosidad no alcanzaba en la pileta de sus proezas. Era más ancha y más profunda. Y cuando escuchaba el himno, la emoción lo estrangulaba. De pronto, una ancha sonrisa. Obviamente estaba recordando el impresionante cierre. Ese que aseguró su 20 medalla de oro, para sólo una hora después, agregar su 21 en el relevo 4 por 200. Sencillamente fantástico.


Fotografía de portada: El nadador estadounidense Michael Phelps compite en los 200 metros mariposa en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro el lunes, 8 de agosto de 2016. (AP Photo/Michael Sohn).

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